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Enseña a tu hijo a respetar su cuerpo

A medida que nuestros hijos van creciendo, la imagen que tienen de su cuerpo les ayuda a elaborar otros aspectos de su yo, modificando de este modo la visión que tienen de ellos mismos y la manera de ver el mundo.

Los padres somos el espejo de nuestros hijos

Sin embargo, también es importante lo "Niña que se si feliz en medio de un campo"que nosotros, como padres, sentimos respecto de nuestros cuerpos, ya qxiste la posibilidad de que les transmitamos –inconscim- tanto aquellos aspectos que nos agradan como los que, por alguna razón, rechazamos. Si creemos que nuestra cadera es muy estrecha o nuestros brazos muy largos o nuestra cara muy redonda, ellos tenderán a adoptar reacciones similares.

Resulta obvio que no es necesario que les digamos a nuestros hijos: “fijate, tenés la cara redonda como yo”, porque incluso los mensajes corporales llegan también por vía indirecta.

Nuestras expresiones, los gestos de disgusto, las frases a medio decir, las miradas de menosprecio conforman un excel repertorio que nuestros hijos aprenden al pie de la letra y que acaban imitando en eor de los casos.

En muchas ocasiones son los padres los que deben comenzar por trabajar la aceptación de su cuerpo y los mecanismos de la propia autoestima. Un buen método consiste en levantarse media hora antes de lo acostumbrado y valorar aquellos aspectos positivos de la propia imagen, evitando detenerse en los puntos que desagradan, provocan disgusto o generan tensión.

Debemos tener en cuenta que aún al seleccionar la ropa o mediante la frecuencia y actitud con que practicamos los hábitos higiénicos, por ejemplo, también estamos dando respuestas a las inquietudes corporales de nuestros hijos, aunque de un modo más pragmático y no menos efectivo.

Es necesario tener en cuenta entonces que la educación corporal siempre tiene dos vías, una verbal y otra no verbal. Ésta es la razón por la que no sólo se considera importante el descubrimiento ql niño realice de su propio cuerpo sino tanto o más lo que se le diga –directa o indirectam- de él.

Ayudarlo a aceptarse

Si nuestro hijo tiene entre tres y cinco años y, mientras juega en su habitación, observamos que se está explorando, no intervengamos, ya que ninguna parte del cuerpo es mala ni vergonzosa. Más aún, ayúdelo a que aprenda que cada parte de su cuerpo tiene un nombre. No utilicemos otras palabras más disimuladas o sustitutivas para hablar, por ejemplo, de los genitales. Explicarle qxisten diferencias entre el cuerpo de los hombres y las mujeres; alrededor de los tres o cuatro años tu hijo ya está capacitado para nderlo.

En la primera infancia es saludable ql niño toq investigue las zonas de su cuerpo con la misma curiosidad con que lo hace con un objeto desconocido. Si tu hijo piensa que alguna parte de su cuerpo es “mala”, recuerda qso sucede porque de alguna forma los padres u otro adulto se lo transmitimos, cosa que puede traerle problemas más adelante, durante eríodo de la pubertad o de la adolescencia.

Nuestra tarea como padres no sólo consiste en que nuestros hijos aprendan aquello qs acorde a su edad, sino que además debemos educarlos para que se sientan bien consigo mismos, seguros de que su cuerpo es perfecto, exactam el que necesitan para desarrollarse como personas felices y saludables.

Si somos conscis de ql cuerpo de nuestro hijo es difer del nuestro actuaremos con serenidad, aceptación y positividad a medida que crece y se descubre.

Debemos enseñarles ql lenguaje del cuerpo, que difiere del lenguaje de las palabras, también debe ser oído, y es necesario aprenderlo, como lo hacemos con los difers sonidos de la naturaleza. Cuando estamos cansados, él nos avisa, lo mismo que cuando hay que comer o cuando es necesario dejar de hacerlo porque nuestro nivel de saciedad nos dice que ya es sufici.

Cuidar y respetar nuestro cuerpo es la mejor forma que tenemos de aceptar quiénes somos. Por esto, la peor zancadilla que podemos hacer a nuestros hijos es colaborar en la no aceptación de su aspecto físico, ya que con ello condicionamos su adaptación al mundo.

Cuando los padres esperan un niño de determinado sexo y ven sus expectativas frustradas, puede suceder que acaben condicionando aqueño desde el mismo momento de su nacimiento, llegando incluso a modificarle algunos aspectos de su identidad y afectando a largo plazo su vida emocional. Demuéstrale que lo aceptas íntegram. Esto puedes hacerlo desde que tu hijo es pequeño, jugando con el cuerpo mientras entonas canciones, o rimas, o sonidos abstractos.

No permitamos que nuestros hijos utilicen su cuerpo como salvoconducto para manifestar otro tipo de problemas que los lleve a un callejón sin salida. La imagen más sana que podemos proporcionarles es permitirles actuar con libertad en el hogar y con respeto hacia los demás cuando se encuentran fuera de casa. Es no querer obligarlos a comer cuando ya no tienen más hambre, u obligarlos a permanecer quietos cuando necesitan estar en movimiento.

El cuerpo, si bien por un lado es un límite que nos diferencia de los demás, es el único vehículo de unión de crecimiento, de autoconsciencia y valor personal que nos puede unir al resto de los seres que viven junto a nosotros.

Fu: Nora Rodriguez | El niño positivo

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4 Comentarios

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