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Tu cuerpo, tu identidad

Al ver esta sugerencia es posible que pienses: “¿Para qué iba a decirle algo tan evid?”. idea comenzará a tener sentido cuando comprendas que al dar permiso a tu hija para amar su cuerpo puedes abrir la puerta para entablar con ella el tipo de conversación que te hubiera gustado mantener con tu madre.

Dale permiso para amar su cuerpo

Considéralo una oportunidad para hablar con tu hija de las experiencias que te han podido llevar a desconfiar de tu cuerpo o a criticarlo. Explícale que las imágenes irreales que reflejan los medios de comunicación suelen hacer que las mujeres se sientan avergonzadas de su aspecto físico. Depende de su edad para que comparta contigo determinadas opiniones.

Continúa diciéndole qsperas que sus experiencias sean más positivas que las tuyas para que pueda amar su cuerpo de verdad. Y por último recuérdale que debe oponerse a cualquier actitud que le impida alcanzar este objetivo.

Es como si una madre que ha tenido un mal "Madre e hija caminando abrazadas por la orilla del mar"matrimonio le dijera a su hija qspera que disfrute de una relación más satisfactoria. Algunas niñas se sin tan culpables por tener algo mejor de lo que han tenido sus padres que boicotean su propia felicidad y, como es lógico, tú no quieres eso para tu hija. Al darle permiso para amar su cuerpo es como si le abrieras las puertas de un castillo y la animaras a tomar posesión.

La mayoría de las actitudes que tenemos hacia nuestro cuerpo las aprendemos de nuestras madres. Y al considerar la herencia que queremos transmitir a nuestras hijas muchas decidimos cambiar esas actitudes. Sabemos que para ayudarlas a sentirse a gusto con su cuerpo tenemos que dar ejemplo de autoafirmación.

Para comenzar bien, si tienes alguna reacción negativa hacia tu cuerpo, elimina de inmediato ese comportamiento autodestructivo. Sabes a que nos referimos. Deja de pesarte obsesivam en la báscula del baño (una vez por semana está bien, pero sin lamentos ni reproches.) También debes evitar las quejas del tipo “tengo echo plano” u “odio mis piernas”. Cuando se te escape alguna sin darte cuenta, intenta decir algo positivo sobre esa parte del cuerpo, como por ejemplo: “Estoy agradecida de que mis piernas me ayuden a caminar”. Puede que al principio te parezca falso, pero al cabo de un mes (tiempo que tardarás en reprogramar tu subconsci) descubrirás qres capaz de hablar de ti de un modo más positivo. Y la próxima vez que alguien te diga un cumplido, en vez de responder “Con lo gorda qstoy”, podrás respirar hondo y sentir la calidez de esas palabras en todo tu cuerpo.

Todo esto te resultará más fácil si recuerdas que tu cuerpo es un auténtico milagro. Piensa en el aparato digestivo, que absorbe y distribuye cada bocado que comes con más eficacia que una empresa de alta tecnología. Y en tu corazón, que incluso mientras duermes sigue bombardeando para llevar nutris a todas las células. Gracias a éste proceso todos los órganos de tu cuerpo, incluidos los ojos y el cerebro, trabajan de forma conjunta para ayudarte a descifrar los símbolos de esta página. Intenta adoptar una actitud de gratitud reconociendo todos los días varios aspectos de tu cuerpo. Además quizá te interese leer “Mujer”, una geografía íntima, de Natalie Angier, un magnífico libro que te hará sentirte orgullosa de tu cuerpo femenino.

Para transmitirle este mensaje a tu hija puedes llevarla a tus revisiones ginecológicas. Cuando tenga trece o catorce años también ella debería comenzar a ir al ginecólogo. Por desgracia, las adolescs ven a los médicos menos que a cualquier otro grupo de profesionales dedicados al cuidado de la salud.

No mantengas en secreto tu intención de cambiar las relaciones con tu cuerpo. Tu hija debería ser la primera en saberlo. Necesita oírte decir en qué te has equivocado. Pensar en voz alta, o comentarlo con ella, es una buena idea. Por ejemplo podrías confesarle: “Cariño, me he dado cuenta de que he pasado demasiado tiempo menospreciando mi cuerpo y no lo he valorado lo sufici. Aunque peso más de lo que quisiera, como bien y hago ejercicio con regularidad. Yo creo qstoy en forma. “¿Qué te parece a ti?”. Es probable que tenga que decir mucho al respecto.

Fu: Brenda Lane Richardson – Elane Rehr | Cómo ayudar a tu hija a amar su cuerpo

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3 Comentarios

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