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¡Cuidado! ¡Estás atacando a tu propio hijo!

Los padres casi nunca son conscis de lo perniciosos que pueden llegar a ser sus comentarios. Si se atrevieran a grabar o filmar una cena al azar, les sorprendería ver cuánta negatividad escupen en una comida cualquiera: ¡Quita los codos de la mesa!, ¡No irás a ninguna parte hasta que te hayas terminado esos guisantes!, Pero ¿quién te has creído que soy, tu criada?.

A continuacióesentamos algunas de las formas más comunes de comunicación negativa, todas las cuales pueden herir a un niño, a veces muy profundam. Int no caer en ellas. Antes de hablar controle sus emociones.

Las críticas

La crítica destructiva es un "Padre en discusión con su hija adolesc"veneno tóxico. Engendra cólera y deseos de venganza, y además enseña a los niños que buscar fallos en el prójimo es plenam admisible. Tras recibir continuadas censuras sobre su delgadez, el hijo de la señora Dunn, de catorce años, invirtió un día las tornas y la apabulló con un comentario sobre sus propios problemas de peso.

Ya era bastante incómodo no poder comer nada sin sentirme culpable para qncima Jeremy irrumpiera en la cocina con sus amigos al volver de la escuela en el instante en que yo estaba apurando, justam, un gran vaso de helado. ¿Por qué comes eso si no quieres engordar?, me preguntó con una risita de superioridad. ¡Qué humillación! Todos sus compinches me miraron a la espera, como él, de una respuesta. Y allí estaba yo, enfundada en unos pantalones elásticos que me sentaban fatal, con catorce kilos de sobrepeso, amontonando al menos mil calorías más ¡y atrapada in fraganti por mi hijo y su pelotón! No pude por menos que pensar que había actuado así porque yo no paraba de agobiarle diciéndole qstaba demasiado flaco y que no cenaba lo sufici. Me hizo beber de mi propio jarabe, si se me permite la expresión. tweet

Las acusaciones

Eres un holgazán. Cuando los padres sacan a relucir, ¿adivinan que ocurre? Que los hijos se vuelven cada vez más vagos. Eres un idiota. ¿Reacción? Las notas bajan en picado picado y comienzan los problemas con el aprendizaje. Uofesor con el que hablamos dijo:

Las acusaciones son ataques, y se requiere una ética inquebrantable –y más bien rara– para ofrecer la otra mejilla. Los niños responden mediante el contraataque, así que las batallas se eternizan. mos originando luchas de poder cuando en realidad se trata de construir la paz. tweet

Un padre al que visitamos nos describió la reacción de su hijo cuando le acusó de haber despilfarrado sus ingresos del verano.

Es evid: me equivoqué. Gunnar deseaba alquilar un bonito apartamento al trasladarse a Dartmouth pero, cuando llegó la hora de marcharse, me confesó que no había ahorrado la suma sufici para pagar el que le gustaba. Yo le reproché que si no hubiese malgastado su dinero en comprar un saxofón nuevo y una serie de cachivaches que no necesitaba –según mi criterio–, ahora no tendría ese problema. Vi que su rostro palidecía, y se me cerró herméticam. Comprendí que había metido la pata pata y era verdad ya que mi hijo es responsable. Cuando volví a su habitación y le pregunté si se sentía mejor, me dijo que sí, pero yo sabía qstaba dolido. tweet

Los sermones

El primer motivo para no aleccionar es que su información podría ser defectuosa. Si ha hablado en demasía en vez de escuchar, quizá ni siquiera entienda el problema de su hijo. Y, lo qs peor, si él ya se sabe de memoria lo que le está diciendo, ¿por qué someterlo de nuevo a uolijo discurso? Los monólogos superfluos le impiden tomar parte en la conversación, y merman la posibilidad de que se muestre receptivo la próxima vez. A menos que tenga algún dato nuevo y esencial que transmitir a un público expectante, deje la docencia en manos de los maestros profesionales. Una madre dijo:

Rinnie llevaba más de un año conduciendo, pero yo continuaba machacándole el manual del buen conductor cada vez que salía por la noche: cinturones abrochados, depósito lleno, precaución con los locos del volante. En ese punto Rinnie ponía los ojos en blanco y empezaba a tirarse de los pelos. Y no le faltaba razón. ¿Cuántas veces tendría que decirme Ya lo sé para que le dejara en paz?

Las ayudas

Cuando ayuda a su hijo a terminar una frase que podría completar perfectam él solo, le está diciendo qs incapaz de hilvanar bien un pensamiento y hace que disminuya su facultad de solventar problemas. Resístase al impulso de ayudarle –es uno de los hábitos más difíciles de romper–, y verá como es del todo capaz de lidiar situaciones que usted juzga complicadas.

Muchas veces la cuestión que plantee al principio ni siquiera será el auténtico problema, de modo que dele tiempo para dilucidarlo. Recogemos ahora el consejo de otro autor a quien entrevistamos, y que trabajaba con estudiantes muy dotados.

Aguarde pacim cuando su hijo trate de comunicarse. Es posible que pierda el hilo de sus ideas o que se interrumpa en medio de una frase. Los niños farfullan y titubean, y algunas veces tienden a cotorrear o a embarcarse en unos soliloquios disparatados. Pero lo que hacen, de hecho, es tantear las aguas para ver si usted está de un talante receptivo antes de zambullirse. ¿Qué te pasa, cariño? no es la pregunta que necesitan oír. tweet

Aquel tutor procedió a darnos las siguis sugerencias que él considera útiles siempre que tengamos la tentación de ayudar a destiempo:

  • Recuerde que cuando ayude a su hijo preguntándole ¿Qué te pasa? en un momento en que no esté obviam proclive a divulgar su asunto, lo interpretará como un fisgoneo, y acertará.
  • No apremie al niño ni proyecte sobre él lo que usted cree que intenta decirle. El motivo es sencillo: podría estar equivocado. ¿Qué hacer entonces? ¿Continuar especulando? ¿No será…? En ese caso, ¿se trata de…? Conforme. ¿Y qué me dices de…?
  • Acepte su decisión de cambiar de , vacilar o desistir ram. Si es importante, volverá a sacarlo a la luz… siempre que usted le haya creado un ambi distendido.
  • Ningún niño querrá volcar el contenido total de su m para que sus padres lo examinen, con las indisociables regañinas. No le pida tanto.

El asedio

Si resuelve escuchar de nuevo aquella cinta que había grabado durante la cena, advertirá que lo que creía un mero recordatoriono suena así en absoluto. Una madre nos contó:

Después de tres años de lucha para conseguir que Tyler se pusiera los calcetines a juego, decidí renunciar y pronto comprobé qstaba encantado de poder llevar lo que se le antojara. También yo fui mucho más feliz desde que abandoné mi empeño. Obtuvo igualm el título de ingeniero en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts), y sigue siendo tan daltónico –y contento de serlo– como siempre. tweet

Indicamos aquí un popurrí de fórmulas de asedio que deberían obviarse. Ya nuestros padres las encontraron vanas para cambiar la conducta, y a menudo nefastas para las relaciones.

  • Avisar. Una vez más vas a meterte en un buen lío. Como estas advertencias por regla general quedan en nada, los niños responde, aunque sólo mentalm, con un “¡Vaya, que asustado estoy!”.
  • Interrogar. ¡Quiero saber dónde has estado y qué has hecho todo ese tiempo! ¿De verdad cree que su hijo de quince años va a hacerle un recuento detallado de sus actividades?
  • Amenazar. Pasarás un mes castigado en tu cuarto si ese sufici no sube a bien no es exactam el mejor incentivo para que se esfuerce; la mayoría de los adolescs desafiarán semejante amenaza con un mudo Ya lo veremos, y el sufici bajará abruptam a un insufici.
  • Juzgar. Una amiga de un padre le contó que supo que había dado un paso en falso al decirle a su hija de once años: No te apures, Wendy, cuando crezcas te arreglaremos esa nariz tan feúcha. (¡Genial, mamá! ¿Y qué hago yo mientras tanto?)

Como es sabido ningún padre es perfecto. Aprendiendo las reglas del juego y siguiendo algunas recomendaciones, seguro que formará hijos responsables y compets. En vez de ver la educación como una tarea aburrida e interminable, transfórmela en un desafío interesante y compensatorio.

Fu: Alan Davidson – Robert Davidson | Los secretos de los buenos padres

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4 Comentarios

  1. This really answered my predicament, thank you!

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  3. Solamente para decir que me identifico bastante con lo que decís en el artículo. Son varias las cosas que tengo que mejorar como madre. De paso felicitarlos por el sitio; es completo y sumamente interesante. Además lo estoy siguiendo y veo que actualizan el portal todos los días con post de primera. ¡Felicitaciones!

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