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Berrinches

Casi todos los niños hacen berrinches, sobre todo entre el año y los tres de edad. En esta etapa, ya adquirieron sentido de sus propios deseos e individualidad. Cuando los mismos son frustrados, se enojan mucho. A esta edad, en general, no atacan al adulto que ha interferido con ellos. Aún ven al mayor demasiado grande e importante y, por otro lado, su instinto de pelea no está desarrollado.

Cuando la rabia estalla en el interior de los niños, la conducta que adoptan es de arrojarla al suelo, junto con ellos mismos. Por eso, en un berrinche, vemos que los niños se tiran al suelo gritando, pataleando, y golpean con las manos y los pies, además de qn ocasiones, con la cabeza también.

Los berrinches infantiles de vez en cuando, son "Niño enojado agarrando a su oso de peluche" normales. Los mismos están vinculados a determinadas frustraciones. Ahora, si son demasiado seguidos y varias veces en el día, tenemos que ver que hay una causa detrás de esto: demasiado cansancio, o está sobre girado, o bien tiene alguna perturbación física. Los berrinches en niños, se deben también a que los padres, no han dado en la tecla para manejar estos estallidos de temperamento, con tacto. Si bien no es fácil, hay determinadas cuestiones a repasar para empezar a ver qs lo qstá saliendo mal o lo que no estamos haciendo correctam.

De todas maneras es importante repasar respuestas a las siguis preguntas: ¿juega el niño lo sufici? ¿tiene contacto con los animales? ¿corre al aire libre? ¿se le permite ensuciar cuándo juega? ¿tiene suficis estímulos para su juego? ¿le permiten los padres tocar ciertas cosas? Hay que tener muy pres la importancia del juego en el niño, además de que él mismo, se le permita expresar sus emociones; ambas actitudes son vitales para el desarrollo de cualquier niño.

No se pueden eludir todos los berrinches. Los padres son seres humanos y como tales, su paciencia tiene un límite. Ahora, cuando la tormenta estalla, hay que tratar de tomarlo a la ligera y de ayudar a superarlo, manteniendo la calma por sobre todas las cosas; es la mejor manera de ayudar a los niños con rabia. ¡Cuidado! No ceder al capricho del niño y permitirle que se salga con la suya; si esto sucediera así, estamos inculcando al niño a que produzca más rabietas, a propósito y con más frecuencia.

Si un padre se enoja demasiado ante un estallido, sólo logra que se empecine en su posición. No ints tampoco, hacerlo entrar en razón: el niño no está en condiciones de ver su mal comportamiento. Una solución es continuar con lo que se estaba haciendo, como si no afectara su rabieta. El niño se apacigua rápidam. Ahora, si es niño más orgulloso, seguram va a seguir gritando por mucho más tiempo. En ambos casos, es bueno que cuando se empiece a calmar, hacer una sugerencia para realizar algo divertido, junto con un mimo, para demostrar que queremos terminar con el alboroto. El niño entonces, no es totalm ignorado pero tampoco se lleva la razón.

¿Hay que recurrir al castigo?

Muchos padres excels piensan que, de vez en cuando, es necesario imponer un castigo. Otros ven que pueden manejar a sus hijos con éxito, sin necesidad de penitencias. decisión depende en gran medida, de cómo fueron ellos tratados por sus propios padres. Es decir, si por buenas razones, le eran impuestas determinadas penitencias, es lógico qllos hagan lo mismo. Si fueron manejados por intermedio de otros medios y resultó bien, entonces quizá apliquen la misma solución.

Después están los extremos, en qxiste una buena cantidad de niños con un mal comportamiento. Los padres de algunos, los castigan mucho y otros, nunca. O sue no se puede evaluar si el castigo es eficaz, ni que lo sea la falta de él. Todo depende, en general, de la naturaleza de la disciplina impuesta por los padres.

Haciendo un paréntesis con el del castigo, cabe recordar, qs necesario comprender que nunca debe ser el elemento básico de la disciplina; sólo representa una reafirmación vigorosa de que los padres consideran fundamentados sus actos. Todos sabemos de niños que han sido golpeados o castigados demasiado, y aún así, seguían comportándose mal. La fu vital de la buena disciplina, es crecer en el seno de una familia comprensiva y cariñosa, donde cada integrante es ser amado; siendo esta la mejor forma de inculcar disciplina a un hijo.

Otro elemento básico, es el fuerte deseo de los niños de parecerse a sus padres. Entre los 3 a los 6 años, se esfuerzan, en particular, por ser amables, civilizados y responsables. Cuidan a sus muñecos, la casa, van a trabajar… como ven que hacen sus padres. Un varón intenta imitar a su padre, tanto en modales como en comportamiento.

Si bien los niños ponen una gran parte del trabajo, los padres son los que tienen que seguir empujando para suministrar la energía que falta a sus hijos para que siempre se mantengan por el buen camino. Los padres tienen que ser sólidos en cuanto a sus opiniones, establecer reglas y límites, enseñar a sus hijos las obligaciones, y todo esto, controlando sus propias emociones, es decir en un clima de paz y amor. Entonces, el trabajo cotidiano de los padres es mantener al niño en la senda correcta, por medio de la firmeza. No es válido ql niño destroce algún objeto y el padre le imponga un castigo, después que termina de romperlo. Se llega al castigo recién, cuando el de firmeza se quiebra.

Para concluir con el del castigo, se llega a la conclusión de que los niños pueden comportarse bien, sin haber sido nunca castigados en forma física o de cualquier otra. Algunos padres han comprobado que da buen resultado, poner a un niño en su cuarto y advertirle que no salga hasta que se haya calmado. Educar a los hijos no es tarea fácil, la misma requiere de tiempo, dedicación y paciencia, pero pueden estar seguros que la recompensa es altam satisfactoria, tanto para padres como para hijos.

Gabriela Nari | Editora de Suhijo.com

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