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Mi hijo no aprende

Es importante establecer si los problemas de aprendizaje son realmente tales o si en cambio tienen relación con determinadas circunstancias del medio familiar o institucional. Aquí brindamos algunas claves para comprenderlos mejor.

El núcleo familiar permite el aprendizaje a través de la facilitación de la curiosidad infantil, ambulance el estímulo intelectual y afectivo, try y la elección inteligente de un sistema pedagógico eficiente, discount tanto en el jardín como en el colegio.

La escolaridad previa de ambos padres, con sus características de "Niño que se siente frustrado porque tiene problemas de aprendizaje"exigencia o fracaso se imbrican a través de la recapitulación de su propia historia, sobre la escolaridad del hijo. Un motivo de consulta habitual, con características de grave preocupación familiar, está resumido en la frase mi hijo no aprende. Los fantasmas del fracaso escolar, la marginación social y el retardo intelectual rondan estas palabras. Sin embargo, es notoria la confusión habitual entre los trastornos del aprendizaje (no aprende) y los problemas de escolaridad (no le va bien en la escuela). La división no es arbitraria pues establece un límite no excluyente entre una alteración del desarrollo interno de diversas funciones simbólicas y un conflicto externo dado por el choque alumno-escuela.

La conflictiva familiar pasa por los trastornos emocionales del hijo y la capacidad de detección de los adultos, sumergidos en sus propios asuntos, pero también tiene expresión en la relación padres-docentes. Ante un problema de conducta del niño es habitual el enfrentamiento entre ambos polos, con sospechas e inculpaciones mutuas. El rol de la familia frente al aprendizaje y escolaridad de un hijo pasa por el mito del cuaderno como una de sus pruebas fundamentales. Se olvida, la estimulación permanente del aprendizaje vital a través del juego, los paseos y las explicaciones pedagógicas familiares. En otras palabras, se privilegian en exceso la lectoescritura y el cuaderno de clases como el único vehículo de acceso de los padres a la escolaridad del hijo.

En el aprendizaje tradicional el cuaderno era el principal instrumento de control de la evolución escolar y operaba como moneda de cambio entre el docente, el alumno y los padres. Hablar del cuaderno implica hablar, aun hoy, de los deberes, la prolijidad, el sistema de notas y comunicaciones, los parámetros de evaluación de la tarea, y hasta de la ayuda paterna. Los sistemas pedagógicos modernos han dejado a un lado muchas cosas, entre ellas el arbitrario sistema de calificación numérica, los deberes para el hogar, rutinarios y aburridos, y la insistencia en la forma antes que en el fondo. Sin embargo, la alternancia de núcleos escolares actualizados con otros ceñidos a las viejas estructuras programáticas hace necesario un comentario ampliado.

El rol paterno

Creemos que el diálogo padres-hijos sobre la escolaridad debe ir más allá del ¿cómo te fue en la escuela?, definido habitualmente en términos de bien o mal. La lectura de los cuadernos, compartida con el hijo, permite una revisión en la cual se pueden puntuar elogiosamente los logros cotidianos y evitar la censura en los momentos críticos. El tiempo particular de cada niño admite mayor o menor adaptación a los nuevos conceptos y no debe tomarse el aprendizaje como una competitiva carrera donde se compara sistemáticamente el progreso propio con el ajeno.

La ayuda de las tareas no está excluida del proceso, en tanto y en cuanto contemple el estímulo de la actividad infantil, pero es muy difícil para un padre ponerse en el rol de maestro sin perder la paciencia y sin caer en la tentación de hacer la tarea en lugar de su hijo. El resultado es un niño amargado y con sensación de fracaso porque él no pudo, y un padre erigido en juez y jurado de su hijo en una alianza tramposa presuntamente en contra del docente. Quizá éste sea uno de los mecanismos más habituales de generación del odio infantil al aprendizaje.

Debe llamarse la atención sobre ciertas problemáticas factibles de detección a través del cuaderno. Los trastornos emocionales surgen a través de la aparición de ciclos en el rendimiento escolar (tiene días buenos y días muy malos…). Los problemas de retraso madurativo derivan en un nivel establemente bajo de rendimiento. Algunos cuadros sensoriales, como las dificultades visuales no detectadas (miopía, astigmatismo) tienen su correlato en alteraciones de la lectoescritura. Una vez observados estos detalles, debe evitarse la rotulación inmediata y se debe buscar información suplementaria a través del docente. La consulta al pediatra es el segundo paso imprescindible para un diagnóstico correcto.

La crisis del sistema

En el orden institucional reconocemos el efecto pernicioso que sobre el aprendizaje tienen las crisis del sistema pedagógico: el abigarramiento de alumnos, la pedagogía deficiente, los programas burocráticos y sus objetivos-meta por cumplir, la escasa libertad para la creatividad, la falta de alicientes económicos, resultan un castigo, no sólo para el niño sino también para el docente.

En los últimos años se ha generalizado en los sistemas de enseñanza la así llamada doble escolaridad o doble jornada. Dicho sistema surge como producto de una serie de cambios en la sociedad. El sistema de vida en las concentraciones urbanas, con sus exigencias económicas y la salida laboral de la mujer, hacen que los padres dispongan de menos tiempo para la vida familiar. La escuela con doble turno ofrece un lugar donde el niño permanece mientras los padres trabajan.

Para el niño este sistema plantea, en consecuencia, una mayor exigencia. Debe permanecer fuera de su hogar en un ambiente extraño, cumpliendo un horario similar al de la jornada laboral de un adulto. Para paliar dicha situación será necesaria la división de la jornada escolar en una parte de aprendizaje propiamente dicho y otra de igual proporción, que incluya actividades recreativas, de expresión artística y asesoramiento pedagógico. De lo contrario aparecerán síntomas como la falta de rendimiento, la dispersión de la atención, la indisciplina (como expresión de protesta frente a la excesiva exigencia) y hasta la fobia escolar ya citada. Aún así, habrá niños que rechazarán la propuesta de doble escolaridad por factores individuales propios de su personalidad. La sintomatología descripta forma parte de un cuadro denominado de fatiga escolar, y merece toda la atención posible.

La evidencia de lo intrincado de la problemática aprendizaje-escolaridad permite señalar la necesidad de un equipo interdisciplinario para su prevención, detección temprana y tratamiento. El pediatra, el psicopatólogo, el neurólogo y el psicopedagogo son los cuatro puntos de apoyo del Equipo de Salud.

Los trastornos de aprendizaje-escolaridad son uno de los cuadros más comunes en la población infantil en nuestro país. Su efecto a distancia es enorme y genera una población semianalfabeta y marginal, con un peso social permanente que compromete todo el desarrollo de la comunidad.

Fuente: Dra. Elena Lacombe | Médica especialista en psiquiatría infantil |Soy mamá – guía práctica de pediatría

Dr. Jorge Blidner | Médico especialista en psiquiatría infantil |Soy mamá – guía práctica de pediatría

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3 Comentarios

  1. This really answered my problem, thanks!

  2. Muy buen artículo y felicitaciones por el trabajo que están realizando.

  3. I like your blog.

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