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Niño de 5 años (Parte 2)

El niño de cinco años es más pragmático que romántico. Construye sus definiciones en función del uso de la cosa definida: Un caballo es para montar; un tenedor es para comer. Le molestan y le confunden los cuentos de hadas excesivam irreales. Es serio, empírico, directo. Désele un lápiz y dibujará un hombre, con cabeza, torso, extremidades, ojos y nariz. Llegará incluso a proporcionarle cinco dedos. Sabe también copiar un cuadrado. Si copia unas pocas letras mayúsculas, muy probablem las identifiqstrecham con personas y objetos. Casi podría decirse que construye personalidades para determinadas palabras. Su mecánica y su astronomía se tiñen análogam de animismo. Es muy inoc en el dominio de las relaciones causales y lógicas. Las nubes se mueven porque Dios las empuja y, cuando Dios sopla, hay viento.

"Niño feliz de 5 años en un campo de frutillas"

A pesar de todo, el niño de cinco años es un gran hablador. La volubilidad del cuarto año dio como resultado un vocabulario aumentado, quizá de unas dos mil palabras. Ha superado la mayor parte de su articulación infantil. Cuando relata una experiencia, emplea con mayor libertad las conjunciones. Puede referir un cuento. Puede exagerar, pero no es dado a la invención extraordinariam imaginativa. Su juego dramático está lleno de un diálogo práctico y de una especie de monólogo colectivo. Usa las palabras para clarificar el mundo multitudinario en el que vive. Quizá sea el lenguaje –más que cualquier otro campo de la conducta– el campo en el que muestre una ligera tendencia a irse por las ramas, para salirse un poco de sus propios cauces. Ésta es una tendencia sana del crecimiento, pues las palabras le ayudarán a alejarse constructivam de su madre y del ambi que lo mantiene aún apresado.

En general, la vida emocional del niño de cinco años sugiere un buen ajuste consigo mismo y confianza en los demás. No carece de angustias y de temores, pero son por lo general temporales y concretos. El trueno y las sirenas despiertan a menudo su temor. La oscuridad y la soledad le provocan timidez. Muchos niños de cinco años tienen accesos de temor en los que creen que su madre los abandonará, o que no la encontrarán al despertar. Sus sueños pueden ser placros, pero son más a menudo presas de pesadillas, en las cuales animales terroríficos ocupan un lugar más promin que las personas.

Sin embargo, teniendo en consideración todos estos aspectos, el niño de cinco años goza –en sus horas de vigilia– de un equilibrio excel. Somáticam, su salud es buena. Desde el punto de vista psicológico, se si a sus anchas en el mundo, porque se si cómodo consigo mismo. Algún choque puede hacerle perder el equilibrio, pero tiende a recuperarlo. De ordinario, no escapa por la tang del berrinche o del ataque de nervios. Le resulta sufici golpear brevem con los pies en el suelo y afirmar: «No, no quiero». Aunque inclinado a trepar y a la actividad motriz gruesa, exhibe compostura en sus posiciones de pie y sed. Sentado en una silla, no molesta ni se muestra inquieto. Se pone de pie con aplomo. A menudo, observamos gracia y habilidad inconscis, tanto en la coordinación motriz gruesa como en la fina. Hay una acabada perfección y economía de movimientos, que sugiere, una vez más, que los cinco años son una edad nodal hacia la cual convergen los hilos del desarrollo para organizarse con miras a un nuevo adelanto.

En realidad, la naturaleza psicológica de esta edad resulta más evid cuando nos detenemos en este límite nodal y echamos una mirada retrospectiva al camino evolutivo que ha recorrido el niño para llegar a su estado actual. n sendero tortuoso, espiralado. Hubo límites similares en el pasado; habrá otros en el futuro. Los cinco años se comparan con los tres y con las veintiocho semanas en cuanto a configuración general y cualidades. Los diez años se asemejarán a los cinco. Se trata de breves períodos durante los cuales ejercen su ascendencia las fuerzas asimiladoras, organizadoras, del crecimiento. Durante los períodos intermedios –a los cuatro, seis y ocho años– prevalecen los impulsos expansivos, fermentativos, progresivos, del crecimiento.

Innecesario resulta decir qstas alternativas en la tónica del desarrollo no están claram definidas. La evolución del crecimiento es como el espectro cromático: cada fase, cada color, se identifica mediante grados imperceptibles con el sigui. Sin embargo, los si colores del espectro son bien distinguibles. De la misma manera, los rasgos de madurez del niño de cinco años se diferencian de los rasgos de madurez del niño de seis años.

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Fu: Arnold Gesell y otros | El niño de 5 y 6 años

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Un comentario

  1. Mi hijo tiene esta edad e increíblemente coinciden la mayoría de las características que han detallado en este artículo. Mi intención es saber si pueden poner más material relativo a esto o también me podría servir mucho que hablaran de los niños de 6 años, ya que el mío cumple en el mes que viene. Desde ya muchísimas gracias y continuen con el sitio de esta manera, ya que lo encontré muy valioso.

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