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Cuentos cortos: La niña y el cerdito

Había una vez una niña que vivía con su madre en una casita en el campo. No tenía muchas cosas, pero sí un cerdito al que querían mucho. tweet

Cada mañana la niñita y el cerdo salían a dar un paseo. Lo primero que hacían era bajar hasta el río para que el cerdito pudiese beber de sus aguas frescas y cristalinas. tweet

Después se adentraban en el"Ilustración de la cara de un cerdito rosado sonri" bosque donde el cerdito escarbaba en las raíces de los árboles para encontrar comida. Cada día pasaban cerca de una gran colina verde, pero nunca se paraban para escalarla. tweet

Una mañana el cerdo se despertó temprano y salió a dar el paseo él solito. Lo primero que hizo fue bajar hasta el río y beber de sus aguas frescas y cristalinas. Después se adentró en el bosque y escarbó en las raíces de los árboles para encontrar comida. El cerdito se fue adentrando más y más en el bosque hasta que llegó al borde de uecipicio, un lugar en el que nunca antes había estado, y se perdió. tweet

Cuando la niña se despertó llamó al cerdito, pero no estaba. Preguntó a su madre si podía salir a buscarle y ella le dijo:
-Muy bien, ve si ese es tu deseo.
Entonces salió. tweet

Primero bajó hasta el río donde al cerdito le gustaba pararse a beber de sus aguas frescas y cristalinas, y le llamó. Pero no estaba. Después se adentró en el bosque, donde le gustaba escarbar en las raíces de los árboles para encontrar comida. Le llamó y le llamó, pero no estaba allí tampoco. tweet

Muy triste, la niña comenzó a caminar de regreso a casa. En el camino de vuelta se encontró con la grande y verde colina y pensó: Quizá si la escalo hasta la cumbre podré encontrar a mi cerdito. tweet

Comenzaba a ascender la colina cuando vio a un muchacho qstaba cantando sentado en una verja.
-Buenos días, -dijo la niña-. ¿Has visto pasar un cerdito por aquí?
-No, no he visto a ningún cerdo; pero ahora que me has encontrado a mí te diré que si sigues un poco más allá, encontrarás al leñador. Quizá él sí le haya visto.
-Muchas gracias, -contestó la niña y continuó subiendo la colina. tweet

Entonces encontró a un hombre qstaba cortando leña.
-Buenos días, -dijo la niña-. ¿Has visto pasar un cerdito por aquí?
-No, no he visto a ningún cerdo; pero ahora que has encontrado al muchacho que canta sentado sobre la verja y a mí, sigue un poco más allá y encontrarás a un Rey en su castillo. Quizá él haya visto a tu cerdo.
-Muchas gracias, -contestó y continuó subiendo la colina. tweet

Al rato se encontró con el Rey en su castillo.
-Buenos días, -dijo la niña-. ¿Has visto pasar un cerdito por aquí?
-No, no he visto a ningún cerdo; pero ahora que has encontrado al muchacho que canta sentado sobre la verja, al hombre cortando leña y a mí, sube hasta la cima de la gran colina verde y mira atenta hacia abajo, quizá así puedas encontrar a tu cerdito.
-Muchas gracias, -contestó la niñita. tweet

Subió entonces hasta la cima de la gran colina verde, miró atenta hacia abajo y allá lejos pudo ver al Rey en su castillo, al hombre cortando leña y al muchacho cantando sobre la verja, pero no vio a su cerdito. Siguió mirando más lejos aún y pudo divisar la casa donde vivía con su madre, el río donde a su cerdito le gustaba beber sus aguas frescas y cristalinas, el bosque donde le gustaba adentrarse para escarbar en las raíces de los árboles y encontrar comida, pero por ninguna parte pudo ver a su cerdito. tweet

Pero, ¡un momento! Allá, mucho más lejos, en un lugar donde ella nunca antes había estado, justo al borde de uecipicio, la niña pudo reconocer a su pequeño cerdo, rápidam corrió ladera abajo y pasó por delante del Rey en su castillo, del hombre que cortaba leña, del muchacho que cantaba sentado sobre la verja, hasta llegar al camino que atravesaba el bosque. Se adentró en él y profundo, muy profundo, justo al borde del precipicio en un lugar donde ella nunca había estado antes, estaba el cerdito. tweet

Muy contenta le llevó de vuelta a casa. Volvieron a cruzar el bosque donde aqueño cerdo le gustaba escarbar en las raíces de los árboles para encontrar comida, volvieron a pasar la gran colina verde cerca de la cual el muchacho cantaba sentado sobre la verja, y el hombre cortaba leña y el Rey estaba en su castillo. Pasaron también junto al río donde al cerdito le gustaba beber de sus aguas frescas y cristalinas.
Por fin regresaron a su casa, en el campo, donde la madre les estaba esperando. tweet

Y que yo sepa, aún siguen viviendo allí. tweet

Fu: Cuentos para chiquitines | Antroposófica

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Un comentario

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