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Cuentos cortos: Digitalito

Había una vez, viagra order lejos de aquí, una pequeña casa en medio de las montañas. El techo llegaba casi hasta el suelo. En esta casa vivían totalmente solos un niño pequeño con su madre. El niño había nacido con una joroba. Pero la madre quería a su hijo como sólo una madre puede querer a su hijo.

Cuando el niño se hizo más grande, también"Ilustración para cuentos cortos de un niño saltando feliz" creció su joroba, lo que le impedía mirar al cielo cuando paseaba. Tenía que mirar a la tierra, y por eso encontraba hierbas raras y flores. Tampoco podía trepar y saltar como otros niños en el pueblo. Muy a menudo, su madre se iba al bosque con él para buscar hierbas y bayas. Una vez se encontró en el bosque una bella flor con muchas campanitas. Se llamaba Digitalis. Le gustó tanto que se la puso en el sombrero y ya nunca se la quitó. Por eso, todo el mundo le llamaba Digitalito.

Cuando Digitalito cumplió los catorce años, su madre le mandó al taller de un cestero para que aprendiera a hacer cestas. Como tenía las manos ágiles, pronto hizo cestos tan bonitos que todo el mundo quería comprarlos cuando los llevaba al mercado en la ciudad, Digitalito estaba todo el día en su trabajo, hasta muy tarde. Y a veces canturreaba en voz baja:

Trenzo grandes y pequeñas cestas
hasta que el sol por la tarde se acuesta.
El trabajo bien hecho ha de estar
para que la gente se pueda alegrar. tweet

Cuando todas las cestas estaban terminadas, Digitalito las juntaba y se ponía en camino para ir a la ciudad. El camino era largo y cuando las cestas pesaban demasiado se buscaba un lugar para descansar.

Una vez, cuando volvió tarde del mercado, donde había vendido todas las cestas, sintió un gran cansancio. Se sentó debajo de un árbol en el musgo, cerca de una colina.

Ya había empezado la noche y Digitalito se le cerraban constantemente los ojos. De repente, apareció la luna redonda y brillante; entonces oyó un canto maravilloso:

Barco plateado de silencio y calma
Barco plateado de silencio y calma tweet

Pero como la música sonaba siempre igual, Digitalito terminó cantando la canción a su manera:

Barco plateado de silencio y calma
¿dónde están tus remos, cual es tu alma? tweet

Apenas había terminado la canción, Digitalito oyó el murmullo y el susurrar del viento, y vio cómo, en la luz plateada de la luna, aparecían detrás de la colina los elfos flotando suavemente. Se le acercaron y exclamaron:

Digitalito, Digitalito
has conseguido un gran hito.
Nuestra canción ahora está terminada
y es bonita para elfos y hadas.
Ven con nosotros al país encantado
y verás cómo estarás asombrado. tweet

Le cogieron de la mano y bailando bajaron por la colina de los elfos. Digitalito se sentía mareado y cuando abrió sus ojos vio un esplendor como jamás había visto. Todo brillaba y refulgía y de todos lados sonaba una música muy, muy suave. Los elfos llevaron a Digitalito ante su reina y le contaron cómo Digitalito había terminado la canción de forma muy bonita. Luego, los elfos celebraron consejo:

-¿Qué podríamos regalarle?

Formaron corro alrededor de él y exclamaron:

Digitalito, recobra el ánimo,
tu joroba se caerá al suelo.
Que seas feliz y alegre
ahora y para siempre. tweet

Casi no habían terminado de hablar cuando Digitalito se sintió tan ligero y alegre que tuvo ganas de saltar hasta la luna. Y con la alegría más grande del mundo, vio cómo la joroba de la espalda se le caía al suelo.

Intentó levantar la cabeza y le fue muy fácil. Pudo entonces mirar libremente a su alrededor y vio todo el brillo y toda la maravilla del reino de los elfos. Luego cayó en un sueño profundo y aun durmiendo pudo oír el canto de los elfos.

Volamos y nos inclinamos,
en la ronda bailamos.
Tejemos y obramos
en la luz de la luna. tweet

Cuando Digitalito se despertó, era día claro, brillaba el sol, cantaban los pájaros y él estaba tumbado al pie de la colina de los elfos. Vacas y ovejas pastaban pacíficamente a su alrededor.

Después de que Digitalito hubiera rezado su oración de la mañana, lo primero que hizo fue tocar con su mano la joroba ¡pero no había ni rastro de ella! Desde la cabeza hasta los pies, estaba vestido con ropas nuevas que le habían regalado los elfos. Entonces se puso en camino y andando gallardamente con cada paso saltaba como si en toda la vida no hubiera hecho otra cosa.

Nadie reconoció a Digitalito sin la joroba. Sólo su madre lo vio venir desde lejos y le acogió en sus brazos llena de alegría.

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Fuente: Cuentos para chiquitines | Antroposófica

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