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Empezar la escuela

La mayoría de los padres han tenido qnfrentarse, y en general lo han hecho con éxito, con la resistencia de los niños a ir a la escuela, especialm a una corta edad. Para muchos niños ir a la escuela es la primera experiencia de separación prolongada de casa. Durante muchas horas al día se saca al niño de la rutina confortable y familiar de su hogar, de una existencia gozosa con una madre que lo alimenta y se le traslada al mundo de disciplina y bullicio de la vida escolar. Durante estas horas no se puede invocar la protección y el consuelo de la madre; el bastón de mando ha pasado a manos desconocidas.

El niño ha sido "Primer día de clases" trasladado de lo que se podría llamar un cerrado, donde las normas y los requisitos están implícitos y soedecibles, a un abierto, donde durante al menos algunas semanas la vida está llena de cosas inesperadas, impredecibles y a veces desagradables. Las exigencias y presiones de la nueva situación, ya sea real o imaginaria, son muchas; un niño necesita mucha flexibilidad y autocontrol para poder resistirlas. La vida en la clase plantea exigencias de un tipo desconocido hasta entonces, especialm en la concentración y la capacidad de mantenerse tranquilo. Y están esas acciones, aparm triviales, pero muy íntimas para el niño sensible, como por ejemplo lavarse, comer e ir al baño, tiene que realizarlas con menos intimidad de la qstá acostumbrado. (El acto de levantar la mano para que le autoricen puede causarle al niño muchísima vergüenza.) Tiene que aprender a llevarse bien con otros niños que tienen un punto de vista propio, que a menudo no tiene en cuenta sus sentimientos. Como muchos padres pueden atestiguar, es alrededor de esto s aparm menores donde se dan mucho de los dramas y de las pequeñas crisis de la vida escolar.

Lo que interesa no son tan sólo las presiones reales u objetivas inhers a la vida escolar sino la forma en ql niño percibe subjetivam la situación. Lo que para un niño es una cuestión de rutina puede ser algo que le provoque terror a otro. La introducción a la escuela es así. Algunos niños con suerte se aficionan a la escuela sin dudarlo; el niño extrovertido y maduro puede encontrar la escuela una diversión muy agradable, especialm si está aburrido o solo en casa. Cuando se les preguntó a las madres de niños de seis a once años si, durante el pasado año, los niños les habían contado problemas relacionados con la escuela y su resistencia a asistir, proporcionaron una información muy interesante. También se les preguntó a los niños de doce años qué les había agradado y desagradado de las escuelas a las que habían asistido o estaban asistiendo. La resistencia a ir a la escuela afectaba, en un momento u otro, a la mayoría de los niños de seis años. mala disposición disminuía a los siete años, aumentaba hasta dibujar un segundo pico en la gráfica de frecuencia a los ocho años y luego disminuía progresivam hasta la edad de once años. Incluso en ese período, uno de cada tres niños seguía mostrando cierta reticencia. Se encontró que una gran mayoría del total de niños estudiados experimentaban dificultades en la escuela primaria. Casi la mitad tenía problemas de mediana o extrema importancia. En todos los niveles de edad, los niños mostraron actitudes más negativas que las niñas. Los niños qran hijos únicos tendían a ser los que tenían más problemas de adaptación.

Los problemas concretos de los que los niños se quejaban más eran los relacionados con los maestros y el trabajo en la escuela, aunqran también bastante frecus los problemas con las comidas en las escuela y las objeciones a los baños. Aunque también expresaroeocupaciones relacionadas con otros niños y cooblemas de educación física, éstas fueron de menos importancia.

Fu: Martin Herbert | Los problemas de los niños

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